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viernes, 9 de marzo de 2007

The L Word:Esa temible palabra


El miércoles pasado Telecinco emitió en el programa Hormigas Blancas, la tercera parte del monográfico dedicado a Isabel Pantoja. En los capítulos anteriores se recorrió su juventud, su matrimonio con Paquirri, sus galas, sus discos,… En el capítulo de esta semana trataban la historia reciente de la artista. Durante varias horas estuvieron analizando la relación de amistad que tenían Isabel Pantoja y Encarna Sanchez. Había tertulianos evitando nombrar la verdadera naturaleza de la relación entre ambas por si hubiera abogados viendo el programa bien atentos y dispuestos a interponer la demanda oportuna.

Durante varias horas, vi las fotos de la locutora y la tonadillera en la playa, en la presentación de un disco de la Pantoja, en la comunión del hijo de la Pantoja, y continuamente se hablaba de su intensa amistad, se decía que Encarna estaba obsesionada con Isabel –porque la lesbiana era Encarna, que no la Pantoja, claro-. Una y otra vez, a pesar de las mil pruebas que en cualquier otro caso –hetero o gay- hubiera bastado una mínima parte para afirmar con rotundidad la existencia de una relación sentimental, aquí no se pasaba de amistad llegando todo lo más a calificarla de intensa.

De igual manera pasó cuando hablaron de Maria del Monte. Pasaron videos de cuando la Pantoja, estando en México de gira, se plantó en España para estar presente en la presentación del disco de la del Monte, se veían las caras, las miradas, los gestos, la forma de cogerse la mano o agarrarle del brazo. Insisto, por mucho menos, cualquiera hubiera dicho que ahí había mucho más que una amistad. La Pantoja y la del Monte llegaron incluso a adoptar una niña, iban juntas de vacaciones, asistían a fiestas juntas, la Pantoja le dedicaba canciones en sus recitales, en los cuales la del Monte se levantaba y saludaba a la artista y mientras la Pantoja le recordaba lo feliz que le hacia la relación que mantenían sin que “me importe lo que diga la gente” que a mi me pareció como si se fuera a arrancar a cantar “A quien le importa”.

Es increíble que a las alturas en las que estamos, cuando vemos todas las tardes a Jesús Vazquez haciendo visibilidad gay con gran sentido del humor o a otros tantos, todavía decir la palabra “lesbiana” no solo les cuesta, parece que les aturulle en el paladar, agarrándose a los dientes para no salir, sino que además, están acojonados por miedo a una demanda por infames calumnias por haberla acusado de lesbiana.

Pasan los años pero seguimos igual. Por un lado, la palabra lesbiana está asociada a una inmediata denuncia por injurias y calumnias, como la que le cayó a Carmen Rigalt cuando se atrevió a decir de Alejandro Sanz que era gay. Decir que tal o cual persona es lesbiana debería ser como si te dicen que eres rubia de bote cuando tu pelo no ha visto un tinte jamás y de toda la vida has sido rubia platino. Seguro que nadie se plantearía interponer una denuncia, con desmentirlo tranquilamente tendría suficiente. Pero aquí la gente se cabrea muchísimo, parece que atacan su integridad, su honor, como si ser lesbiana fuera lo peor, lo más infame, lo más abyecto que se pueda ser.

Salvo alguna excepción, todas las que lo son huyen despavoridas de cualquier mención a su vida privada. Todas las conocemos, porque esto es relativamente pequeño y entre el radar que te dice que bajo ese aspecto de perfecta hetero y muy hetero se esconde una bollera harta de vivir pendiente de que no la pillen y deseosa de vivir en libertad, y los comentarios de tus amigas que cuando no paso por la cama de una, paso por la de la otra, sabemos quienes son. En un país donde la sociedad ampliamente acepta la diversidad afectivo sexual, donde se ha dado un aluvión de bodas de gays famosos en los últimos 18 meses, todavía me cuesta entender qué están esperando algunas para dar el paso. Sobre todo algunas que lo tienen todo resuelto, que en sus círculos personales y profesionales son mujeres muy valoradas.

En las primeras jornadas de Políticas Lésbicas organizadas por la FELGT Jennifer Quiles hizo una ponencia sobre esto mismo, y la terminó diciendo que –de esto hace ya mas de 3 años- ser lesbiana era la suma de dos cosas, ser mujer y ser homosexual y que ambas dos estaban estigmatizadas por la sociedad. Que nuestro trabajo consistía en revertir la fórmula y convertir el ser mujer (algo positivo) más el ser homosexual (algo positivo) en ser lesbiana (algo doblemente positivo).

El programa del miércoles me trajo a la realidad de cuan lejos estamos aun de revertir la fórmula. Desde este blog quisiera pedir, a gritos si es necesario, que den la cara ya de una vez, lo primero por ellas mismas, y lo segundo por las que se lo pedimos. Qué distinto les seria ser lesbiana a las generaciones futuras si tuvieramos referentes lésbicos positivos reales, más allá de las lesbianas de la ficción.

En fin, al menos tenemos “The L Word”.

jueves, 8 de marzo de 2007

8 de marzo: Por un compromiso real para acabar con la discriminación de las mujeres lesbianas, bisexuales y transexuales



En los últimos años se han producido muchos cambios legislativos que han conseguido llevar la libertad y la igualdad, valores democráticos fundamentales de la sociedad, a todos y cada uno de los y las ciudadanas de este país. Nuestro objetivo último es convertir España en un país más libre, más tolerante y más respetuoso con la diferencia, los cambios legislativos son un paso, pero no son la solución final. Para ello reclamamos una serie de medidas encaminadas a erradicar de una vez por todas la discriminación existente hacia lesbianas, transexuales y bisexuales.

• Las mujeres lesbianas, bisexuales y las transexuales se encuentran radicalmente fuera de las políticas de igualdad. Son sistemáticamente ignoradas a todos los niveles. En estos momentos todas las administraciones se ocupan de situar un espacio primordial para las mujeres, pero ese espacio no cuenta más que con una sola realidad, la de las mujeres heterosexuales. Las políticas de igualdad deben recoger las distintas realidades afectivo-sexuales y de identidad de género existentes. Como mujeres, reclamamos nuestra inclusión en los planes de igualdad y el desarrollo de políticas que investiguen nuestra realidad, promuevan la igualdad y visibilidad, la de sus familias y luchen contra la lesbofobia, la bifobia y la transfobia.

• Asimismo pedimos políticas específicas que luchen contra la lesbofobia, la bifobia y la transfobia especialmente en el ámbito educativo y laboral. Sin independencia económica es muy difícil ser visible y ejercer la plena ciudadanía. Por ello pedimos un apoyo más firme que nunca a los sindicatos y a la patronal para prevenir despidos por lesbofobia, bifobia y transfobia. Esto es imprescindible, especialmente en el caso de las mujeres transexuales, cuya tasa de paro es escandalosa. Pedimos por tanto políticas de inserción laboral de las mujeres transexuales a través de programas de formación específicos.

Reclamamos también acciones y medidas tendentes a eliminar la violencia de género expresada hacia las mujeres lesbianas, en especial el acoso sexual en el ámbito laboral. Las lesbianas siguen siendo invisibles, siguen teniendo miedo de afrontar su orientación por la posibilidad de perder su trabajo y por tanto su medio de vida y son victimas sistemáticas de la violencia de género.

• Pedimos un cambio radical en la educación de nuestros menores. Si buscamos la libertad y la igualdad como valores fundamentales de la democracia, debemos volver la mirada a quienes en el futuro serán los garantes de dichos valores, tenemos que empezar por el origen de la sociedad, tenemos que empezar por la escuela. Solo mediante una educación que reconozca la dignidad de todos y todas y que refleje la realidad de una sociedad diversa podremos educar a nuestros hijos con valores de igualdad y de respeto a la diferencia, desterrando de una vez por todas la lacra del machismo, el sexismo, la homofobia y la transfobia.

Acciones y medidas necesarias para la elaboración de estudios de salud integral para mujeres lesbianas. La invisibilidad de las mujeres lesbianas las hace victimas de un sistema sanitario que en ocasiones las excluye de los protocolos de salud sexual aplicables a las mujeres heterosexuales, con el consiguiente deterioro de su calidad de vida y su salud. La homofobia, la transfobia y sus efectos psicológicos y sociales han sido identificados como factores que disminuyen la salud y la calidad de vida de las mujeres lesbianas, transexuales y bisexuales. Es necesario también incluir la diversidad sexual al hablar de mujer y VIH, teniendo especialmente en cuenta a las mujeres transexuales, especialmente vulnerables ante la epidemia por su situación de exclusión social.

• Por ultimo reclamamos el reconocimiento de derechos para quién ejerce la prostitución voluntariamente. No podemos seguir permitiendo que un sector tan amplio de mujeres se vea desposeído de los derechos más elementales. Uno de los problemas fundamentales es que no se tienen en cuenta las opiniones de las trabajadoras del sexo ya que siempre son consideradas víctimas, sin capacidad para decidir por sí mismas. Incluso, cuando éstas dicen abiertamente que quieren continuar ejerciendo la prostitución, esta decisión es cuestionada por considerarlas alienadas por la explotación sexual que los hombres ejercen sobre ellas. Deben ser tratadas con dignidad, sin ser estigmatizadas por desarrollar ese trabajo; no debemos permitir su discriminación y reclamamos los mismos derechos que para otras trabajadoras. Es necesario acabar con la hipocresía que hoy existe al respecto y articular los derechos sociales y laborales que se desprenden de ello. Seguir negando esto y mantener a las prostitutas en la situación actual colabora a que sigan siendo explotadas laboralmente, perseguidas y acosadas por la policía y sufriendo abusos y agresiones de cualquiera que se lo proponga.

Por todo esto reclamamos de una vez por todas actuaciones contra la discriminación en todos los ámbitos de las mujeres lesbianas, bisexuales y transexuales, para que podamos ser de hecho y de pleno derecho, ciudadanas en igualdad.